Desfiladero de Las Xanas, entre hadas y fabada

El desfiladero de Las Xanas es una de las excursiones más bonitas, cortas y agradables que uno pueda hacer en Asturias y esto es mucho decir. Un divertido ascenso de 450 metros a lo largo de 5 kilómetros en los que recorremos el imponente desfiladero excavado por el río Viescas o de Las Xanas y un sugerente bosque encantado, compuesto de hayas y helechos. Una hora y media de recorrido, durante la que adoptaremos distintos modos de coordinación con nuestro guía, es suficiente para llegar a Pedrovella, donde nos espera una sorpresa muy rica. ¿Quieres saborearla con 4botas?
¡A por ello!
Salida desde el área recreativa de Tuñón
Dejamos el coche en el aparcamiento que hay en el área recreativa de Tuñon, en el kilómetro 6 de la AS228. Una vez nos aseguramos de llevar todo lo necesario (y que para esta corta excursión no es más que agua, frutos secos y chocolate, crema para el sol, bastón telescópico y la cartera porque hoy comemos en restaurante), nos ponemos en marcha tras leer un panel que muestra (sin adaptación alguna) un mapa del recorrido que vamos a realizar.
Son las 11 de la mañana y el día está despejado y promete calor del de agosto. Tenemos por delante un desnivel de 450 metros, 5 kilómetros y hora y media de caminata hasta la localidad de pedrovella, perteneciente al concejo de Quirós. Iremos remontando el río Viescas o de Las Xanas, un torrente de caprichoso trazado, que tras abandonar su baile con las hayas del bosque se atreve con las paredes calcáreas del desfiladero y con sus imponentes cascadas.
Lo que hoy tenemos por delante es toda una experiencia, Las Xanas es el mini Cares, un desfiladero mucho más pequeño pero igualmente hermoso, y a diferencia de la ruta entre Poncevos y Caín, casi la mitad del recorrido se hace por un maravilloso hayedo.
Vista panorámica de Las Xanas
De inicio, un buen desnivel
Sara y yo nos ponemos en marcha siguiendo las indicaciones que hay en el aparcamiento. El primer tramo es un poco incómodo para empezar. Se trata de unas escaleras algo irregulares y estrechas que nos llevan a una carretera que tendremos que seguir durante unos minutos. En este tramo de escalones, cojo el codo a Sara ya que así noto mejor el terreno y no me desvío ya que es estrechillo. Son tres minutos de nada. Al llegar a la carretera, el piso es muy liso y con un gran desnivel. Por ello, sacamos el bastón corto con el que iremos agarrados y apretamos el paso para notar que las piernas comienzan a ponerse a tono. Tras 5 minutos a toda marcha, llegamos a un desvío a nuestra derecha. Se acabó el suelo fácil y guardo en la mochila de Sara el bastón corto ya que desde ahora continuaré agarrado a su brazo.
Tomamos el desvío y ascendemos por una pedrera algo incómoda porque el piso es irregular, con piedras sueltas y con un buen desnivel. Así durante unos 20 minutos. Pasaremos por un pequeño túnel tras el cual el camino se hace más empinado. Tras un rato de ascenso nos paramos a beber agua. Hace calor y el desnivel que hemos salvado es importante. Sara ve a nuestra espalda pero muy abajo el parking donde centellean los coches. Alguno de aquellos brillos es el nuestro.
Estamos en un paso algo estrecho con el suelo mejorado con madera. A nuestra derecha, abajo, muy abajo, se oye el bramido del río, un torrente que imagino blanco y bravo recién salido del angosto cañón. Llevaremos unos 25 minutos de marcha.
Vista de las paredes verticales del desfiladero y vista lejana del río.
Caminando sobre el aire
Al poco de reiniciar la marcha, la senda se hace más llana y se aleja del barranco al virar algo a la izquierda. Son unos 10 minutos de calor asfixiante porque el sol cae de lleno y el camino trascurre por una mini olla donde la temperatura es muy alta. Tras unos diez minutos más, llegamos a la imponente garganta.
Ante nosotros se abre el estrecho cañón por donde discurre el río unos 80 metros más abajo. En algunos tramos, hay paredes de unos 500 metros de altura. Sara me comenta que si tuviera vértigo, no podría ir tan tranquila por mitad de aquella pared. El camino es ancho (de un metro y medio), pero la sensación de verticalidad que da la enorme pared del otro lado, la anchura (ni mucha ni poca) de la garganta y el sonido salvaje del río allí abajo le crean la sensación de estar sobre el aire. Pero esta, es una sensación muy agradable y sin peligro alguno.
De todos modos, nosotros vamos juntos, yo tocando su brazo y nuestro paso es tranquilo. Discurrimos por un carretil escavado en la roca. Hay cable de seguridad en tramos estrechos y de mucha sombra. Aunque la senda es de un metro y medio de anchura, hay mucha caída a nuestra derecha y el cable está pensado para que se agarren a él personas que tengan vértigo, sobre todo en invierno donde supongo que aquí se formará hielo con facilidad.
Luis en el camino por el que ascendemos.
Camino excavado en la roca por donde discurre el desfiladero.
En el reino de las xanas
A los 50 minutos de haber iniciado la excursión, llegamos al bosque encantado que ya no abandonaremos hasta el final del recorrido. El sol penetra con dificultad en este reino fresco y sombreado. Aquí es donde uno se da cuenta de por qué a este río se le llama el río de “las xanas”, y no te queda más remedio que pararte junto a uno de los pequeños saltos de agua que hay a lo largo de todo el cauce a esperar.
Cuentan las leyendas asturianas que en las fuentes, en las orillas de los ríos y en las cascadas viven unas pequeñas pero bellísimas hadas. Son rubias y con el cabello muy largo, de él prenden flores y perlas, visten un vestido plateado y hacen enormemente rico a quien las desencanta.
4botas nos sentamos a esperar un ratito a ver si aparecía alguna, pero no hubo suerte. Mientras, Sara tomó algunas fotos y yo me dediqué a escuchar el silencio del bosque. Ese silencio donde pasan muchas cosas, el agua del río que fluye algo inquieta y cantarina, una rama que se rompe sin motivo aparente y el seseo del viento suave que cruje las copas de los árboles allí arriba.
El bosque encantado donde viven las xanas.
Cómodo ascenso.
Burlados por las esquivas xanas, decidimos emprender la marcha. El suelo está húmedo y esponjoso. Salvo por algún tramo algo irregular con piedras y raíces, es muy agradable y cómodo de caminar si llevas unas buenas botas que eviten resbalones. Tras cruzar un puente algo deteriorado y dejar un desvío a nuestra izquierda, iniciamos el ascenso de un tramo de escalones rematados en sus bordes por listones de madera que los hacen muy fáciles de salvar.
El camino se empina y se suceden los tramos de escalones. Llegamos a lo alto de una loma rodeados de bosque y bajamos por una rampa muy resbaladiza y empinada que conviene tomarse con calma ya que el desnivel es considerable, justo al final cruzamos el río por un puente a nuestra izquierda. Desde aquí todo vuelve a ser subida hasta que abandonemos el bosque.
La ermita y el tejo centenario
Desde el puente una larga subida nos saca del bosque y nos lleva hasta la ermita de San Antonio. Junto al tejo centenario que preside el paraje nos sentamos a tomar unos frutos secos y algo de chocolate, más por vicio que por necesidad (todo hay que decirlo). Son las 12:30 del mediodía y hace bastante calor. Hemos caminado durante hora y media y lo cierto es que aquí no ha acabado nuestra ruta. Salimos a la carretera que lleva a Pedroveya y bajamos por la cuesta asfaltada hasta el conjunto de casas
.
El pueblo de Pedrovella, rodeado de verdes praderas.
Casa Generosa, la fabada prometida
Tras la excursión por el desfiladero de las xanas, nuestras 4botas se van solas hasta Casa Generosa, donde hoy comeremos. Es este uno de esos restaurantes que conoces una vez, le hablas de él a tus amigos y vuelves siempre que puedes.
Su menú por 13 euros consiste en elegir entre fabada o pote asturiano, guiso de cabrito o de ternera y postres entre los que está el arroz con leche y la tarta de la abuela. Cantidad y calidad serían suficientes para volver, pero además el restaurante tiene ese sabor tradicional que enamora desde el primer momento.
Con la tripilla llena y la sidra saltarina en el vaso, le comento a Sara que las hadas del bosque deben de estar un poquito entradas en carnes teniendo este templo de la gastronomía tan cerca.
Dos pequeños consejos. Reserva si tienes pensado ir porque se llena (sobre todo fines de semana y épocas de vacaciones). Y acércate al hórreo que tienen junto al edificio principal. A mí me encantó tocar sus formas, las mazorcas de maíz que tienen colgando y la madera de las columnas.
Órreo cargadito de mazorcas de maiz.
Vuelta por el desfiladero
Nuestro camino de regreso es igualmente cómodo aunque debemos tener más cuidado en los tramos estrechos del desfiladero y en las zonas más sombrías del bosque para evitar resbalones. Ya sabes que al bajar, hay que extremar las precauciones y, por si acaso, calcular más tiempo del que invertimos para subir.
Las personas que no tienen ningún problema de movilidad por el monte suele ser precisamente al contrario, bajan más rápido. Pero las personas ciegas, solemos tener más dificultad al bajar ya que no somos tan rápidos descendiendo por terrenos algo complicados.
No obstante, en esta ocasión, la bajada la hacemos en el mismo tiempo, señal de que es cómoda y que la transitamos con total fluidez.
Una vez en el aparcamiento, nos tomamos un refrigerio porque el calor y la fabada aprietan. Volveremos otro año sin duda. Esas xanas, algún día tendrán que aparecer.
FICHA DE LA EXCURSIÓN: Las Xanas

  • Distancia aproximada (ida y vuelta): 10  kilómetros
  • Desnivel: 450 metros.
  • Duración ida y vuelta: 3 horas.
  • Exigencia física: baja.
  • Nivel de coordinación con guía: medio y bajo en algunos tramos.
  • Material necesario: botas con buen agarre y con sujeción de tobillos, palo o testigo corto para ir unidos y bastón telescópico.
  • Temporada más recomendable: De mayo a septiembre, pero se puede hacer todo el año.
  • Principal dificultad: No presenta ninguna dificultad salvo la altura del desfiladero para los que tengan vértigo. Algún  tramo en el bosque puede ser resbaladizo.
  • Tener en cuenta: Cuanto menos lluvioso haya estado el clima en los días previos, mejor. Obligatorio comer en Casa Generosa.

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