Iniciación al descenso de cañones para ciegos en el Formiga (Sierra de Guara)

El Formiga, la mejor opción para engancharte a los cañones de la Sierra de Guara

El cañón del río Formiga es un descenso obligatorio y perfecto si quieres iniciarte en esta excitante actividad de descender barrancos. Es un descenso apto para principiantes y totalmente recomendable para personas ciegas. Sin duda uno de sus encantos es que te ofrece todo tipo de situaciones: tienes que nadar (tampoco mucho), hacer rápeles, deslizarte por toboganes, atreverte con algún pequeño salto y sumergirte por completo en un par de sifones que los salvas con un pequeño impulso.

Si sabes nadar, atrévete, es divertido y trepidante. Para las personas ciegas bajar un cañón es toda una experiencia porque te permite vivir y sentir el río y su relieve desde dentro, con sus olores, sus sabores (tragarás agua fijo), sus texturas y sonidos.En 4botas lo pasamos cañón. Y seguros, con Handixtreme guiándonos no podía ser menos.

Aproximación de vértigo

Tras dejar la furgoneta de Jabi Handix en una pista junto al cauce de un río, nos equipamos con los arneses y el casco y cruzamos el caudal haciendo los primeros equilibrios sobre unas piedras. Si metes un pie al agua no pasa nada, no cubre, aunque es mejor mantenerte aún seco del todo porque más adelante toca subir por una senda con escalones de piedra y raíces.

El camino es ascendente casi todo el trayecto, de piso irregular pero no muy incómodo. A unos quince minutos del inicio, pasamos junto al punto donde acabará el descenso del cañón. Es un remanso del Formiga que queda abajo a la izquierda. Durante este tramo y los siguientes, el modo en el que me coordino para caminar es cogiendo del brazo derecho a Jabi. Esto me permite ir sintiendo el terreno por donde él pasa e inmediatamente yo después. De este modo, seguimos ascendiendo por terreno irregular hasta que nos introducimos en la cueva de La Polvorosa, donde hay un redil para el ganado junto a la pared de la derecha. Por el olor, sabemos que aún se usa para guardar de vez en cuando ovejas.

Cueva La Polvorosa

 

 

 

 

Al salir de la cueva, sigue el camino algo irregular pero cómodo, pasamos junto a un pequeño nido donde unos polluelos hambrientos esperan a su madre con el pico abierto. Jabi Handix se acerca y yo con él (recuerda que voy cogido a su brazo) y toco las ramitas que lo conforman y nos vamos rápido para que las crías reciban su comida tranquilas. Esto es entrañable, lo que nos espera, emocionante.

A los pocos metros, nos acercamos a al principio del cañón pero lo hacemos con bastante altura. Estamos pasando por una senda que discurre por una pared lateral y el espacio para caminar se hace tan angosto que toca asegurarse con los arneses de seguridad a un cable que evitará una caída segura al vacío si nos resbalamos.

Pared con mucha verticalidad que tenemos que cruzar. Nos aseguramos con arnés.

En este punto Jabi se ha adelantado pero no pasa nada porque yo, bien asegurado al cable, voy avanzando con cuidado y tocando la pared y el cable con las manos. Despacio, no hay peligro. Dicho así parece muy arriesgado pero no lo es tanto si vas asegurado al cable y con unas buenas botas. Allí abajo oímos los ecos de un grupo que nos precede y que ya están iniciando el descenso en el agua.

Luis y Jabi Handix subiendo por unas rocas.

Tras el paso del cable, sigue la emoción ya que es necesario hacer un rapel de unos quince metros. Es fácil. Basta con seguir las indicaciones de Jabi que tras asegurarme bien el arnés a las cuerdas (incluida cuerda de seguridad), me anima a iniciar el descenso por la pared. Al principio no es muy vertical pero conviene ir con el culo muy abajo y los pies bien pegados a la pared, con la que nuestras piernas deberán ir lo más perpendiculares que podamos. En mitad de la pared se pone totalmente vertical y es cuando tiene más importancia que mantengamos la postura. Recordemos. Piernas en uve, perpendiculares a la pared, los pies bien seguro a cada paso corto y el culo bien abajo, como si tuviera que llegar antes que nosotros. La postura igual te da un poco de yuyu al principio, pero es la forma más segura de bajar. Si no lo haces así, te resbalas fijo y tus rodillas van a parar contra la pared.

Una vez llego abajo, me suelto la cuerda de seguridad y Jabi sube la otra cuerda sobre la que rapelará el resto del grupo. Sara, Yerai, Suso, Carolina, Paula y el propio Jabi. Me quedo junto a Vicente (que me había precedido en la bajada) y muy quieto ya que tras de mí, a unos dos metros hay una pequeña bajada de tierra resbaladiza que tocará bajar con mucho cuidado. Cuando todos estamos abajo, cruzamos el río que justo nos moja las botas en cuatro pasos y bebemos agua y tomamos algo de picar antes de ponernos los neoprenos. Estamos ya listos para el continuo chapuzón.

Descenso divertido y emocionante

Hasta aquí, llevamos una hora de actividad. Tenemos por delante dos horas de cauce del río con agua bastante fresquita (y eso que estamos en pleno mes de julio y el día es caluroso). Nos esperan toboganes, tres o cuatro pequeños saltos, un par de sifones muy pequeños (un sifón es un paso que te obliga a meter la cabeza al agua), algunos pequeños rápeles y dos o tres agujeros estrechitos por los que bajamos con cuerdas en un abrir y cerrar de ojos.

Luis se desliza por un pequeño tobogán que cae a una poza bastante espaciosa.Tanta variedad de situaciones, todas de nivel para principiantes (siempre que vayas con guías expertos y certificados) hacen de El Formiga uno de los cañones más lúdicos y divertidos de la Sierra de Guara. Por ello está siempre lleno de gente (sobre todo en verano) y también por eso se te pasa volando.

Salto a otra poza, más encajonada entre las rocas. El agua muy fresquita.

Salto con baño final.

Al final de recorrido, tras pasar una zona de juncos, llegamos a una poza abierta desde la que hago un pequeño salto para despedirme del Formiga con la emoción de saltar y zambullirme de golpe en el agua fresquísima. Tras llegar a la orilla y trepar a una roca para alcanzar la playa, nos quitamos los neoprenos y comemos algo para recuperar fuerzas. La ropa seca la sacamos de un bidón estanco que hemos ido porteando en una mochila.

Una experiencia, muchas impresiones

Para un ciego es muy difícil trasmitir lo que se siente al descender un cañón y describir cada situación. Creo que lo mejor será volver y grabarme trocitos de experiencia en una grabadora sumergible ;-). De todo lo que viví allí me quedará para siempre la sensación de ir nadando por una brecha de no más de un metro de ancho en algunos tramos, el eco de la cueva donde aparecí tras deslizarme por un agujero con ayuda de las cuerdas, el golpeteo fresco e incesante de la cortina de agua que caía por LA APERTURA de la cueva al Río, y el par de saltos que Jabi me invitó a realizar en dos pozas totalmente seguras (los ciegos en saltos largos y en los que hay que apuntar, nos desequilibraríamos ya que no tenemos referencias visuales que nos ayuden a dirigir el salto y rectificarlo).

Y por supuesto que me quedo con la guía experta del amigo Jabi, las ayudas y la determinación de Sara, la voz emocionada de Yerai, las risas de Suso, las palabras de ánimo de Vicente y los gritos largos y agudos de Carolina y Paula en el salto de siete metros que Por supuesto yo no realicé. Para otra ocasión.

Ficha descenso de Formiga.

  • Obligatorio con guía experto y certificado: 4botas lo hicimos con Handixtreme.
  • Dificultad: para principiantes.
  • Aproximación: de 30 a 45 minutos de senda pedregosa y con anclajes al final.        Deberemos hacer un rapel en seco de unos 20 metros.
  • Duración del descenso del cañón: unas dos horas.
  • Retorno: unos 15 minutos por parte del recorrido de aproximación.
  • Caudal: todo el año y agua fría.

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