Beneficios del esquí alpino para personas con discapacidad visual

Hay quien me dice que estoy un poco chalado y que soy un temerario al lanzarme con los esquíes pista abajo ya que mi retinosis pigmentaria me impide ver. Otros me lo dicen de forma más laudatoria. Me tildan de valiente, de crack, de tipo que no se para ante nada… Estos comentarios me divierten y no me desagradan, claro, pero siento decir que están muy equivocados. No estoy chalado, sí tengo miedo, no soy ni valiente ni un crack y lamentablemente me he tenido que parar muchas veces. Si esquío es porque salgo ganando, y mucho. Soy técnicamente lo que se dice un esquiador paquete, pero interesado. Aquí te cuento cuáles son los beneficios que obtengo al esquiar. Algo que es extensible a muchos discapacitados visuales. ¡Voy delante, tú me sigues!

Deporte es salud y disfrute.

Parto de una verdad universal (y de estas no hay tantas): toda persona con discapacidad o sin ella debería practicar algún deporte ya que su salud física, anímica y mental se verán muy beneficiadas.

Ahora bien, el deporte elegido no es lo de menos porque nos debe hacer disfrutar, algo obligatorio para que nos guste y el esfuerzo físico y mental que supone nos merezca la pena.

El esquí alpino, una disciplina que no siempre gusta.

El esquí alpino tiene algunas cualidades que lo hacen ser descartado de entrada por muchas personas, tengan o no una discapacidad. En primer lugar el frío. Hay gente que no lo soporta y punto. En segundo lugar la velocidad y el deslizamiento. Hay quien siente pavor ante la posibilidad de deslizarse y ante la sensación de velocidad. En tercer lugar el miedo a las caídas y a un impacto con los otros esquiadores. En cuarto, lo incómodas que son las botas de esquí y lo patoso e inestable que te sientes al andar con ellas.

Y por último, algo menos subjetivo y lamentablemente real: esquiar es caro. Y más para una persona con discapacidad. Los visuales, por ejemplo,  hasta no tener un nivel muy alto no conviene que lo practiquemos sin un monitor personal debidamente formado y titulado (y obviamente esto cuesta su dinero), cuando ya tienes ese nivel, siempre tienes que ir con un guía y ello multiplica casi por dos el gasto. Otro ejemplo son las personas con lesión medular, las sillas que deben utilizar pueden costar tranquilamente 6000 euros. Esto hay que añadirlo al viaje, al pase de pistas, al material… (Existen fundaciones como Deporte y Desafío o Fundación También  que ofertan cursos muy baratos y que son perfectos para iniciarse en el deporte blanco sin quedarte sin blanca. Pero de esto ya hablaremos otro día).

Entonces, si hay tantos factores negativos en el esquí… ¿por qué practicarlo? ¿A qué viene tanto post de esquí? ¿Por qué no nos cogemos las raquetas y nos olvidamos del esquí alpino? Pues muy sencillo, queridos amigos. Porque tras probarlo y disfrutarlo, ya no he vuelto a ser el mismo. No exagero. Me explico.

Aquella primera pala.

La primera vez que me puse unos esquíes con idea de aprender tenía muy poco de resto visual. Fue en Cerler. Animado por Sara, quise probar a ver si era capaz de hacer algo que cuando veía bien siempre me había dado mucho vértigo. Mi monitora, Oihana, acababa de sacarse el título de guía de esquí adaptado y era la primera vez que tenía un alumno ciego. Dimos clase tres días, dos horas cada día. Al final del cursillo logré bajar sin caerme una pala de unos50 metrosde longitud en una pista verde. Algo que para un esquiador medio no deja de ser un tramo en el que ni siquiera repara, a mí me supuso darme cuenta de algo, sentirlo dentro. Fue una lección que me di a mí mismo y que nunca he olvidado.

Según bajaba concentrado y con las manos en las rodillas para no retrasar mi posición, iba sintiendo como el suelo se iba deslizando bajo mis pies. Poco a poco la velocidad iba creciendo y mis piernas obedecían las órdenes de mi cerebro que se afanaba en dar instrucciones a los pies, a las rodillas y a los brazos, atento siempre a la voz de Oihana que me indicaba la dirección y la velocidad.

Al llegar abajo me di cuenta de que no me había caído, increíble, pero cierto. Lo había logrado. Oihana y yo estábamos emocionados. Chocamos las manos y no recuerdo lo que dije, pero sí lo que sentía. Había conseguido esquiar sin apenas ver, lo que significaba que en el futuro había muchas metas que podría alcanzar, No hay límite para la ilusión y la perseverancia. Es lo que aprendí tras aquel primer descenso suelto.

Disfrute y seguridad crecientes.

Desde entonces, poco a poco he ido aprendiendo y de momento me atrevo a bajar pistas azules. Con Raquel y Jabi, mis dos siguientes guías, he ido experimentando con más intensidad aquellas primeras sensaciones. Mis favoritas son la de libertad  al deslizarte veloz pista abajo; y el paulatino control del cuerpo adaptándose constantemente a los vertiginosos cambios del suelo.

No penséis que soy un Tomba bajando, soy más bien un paquete, lentorro y no muy en forma, la verdad. Pero cada vez que esquío tengo la sensación de que no importa no ver, el guía me lo canta todo, mis ojos son él, y mi cuerpo y mi cerebro poco a poco están aprendiendo a automatizar las órdenes precisas para dominar los esquíes y la velocidad, así que cada vez disfruto más y cada vez me siento más seguro de mí mismo, dentro y fuera de la pista. Voy saboreando la consecución de un reto.

Esquiando a ciegas. from Sara on Vimeo.

Me imagino la satisfacción personal que tienen que sentir los esquiadores del equipo paralímpico. Debe ser la leche, no sólo han conseguido dominar un deporte complicado partiendo de grandes dificultades sino que además compiten por hacerlo cada vez mejor. Esto les tiene que suponer una buena inyección de autoestima; pero a la vez de humildad, ya que el deporte de competición se basa en confiar en uno y en reconocer al rival.

Más integrados y  más capacitados.

Un día, leyendo el libro de Pau Serracanta i  Marcet, “ESQUÍ ALPINO PARA PERSONAS CIEGAS Y DEFICIENTES VISUALES”, encontré una descripción de los beneficios que tiene este deporte para las personas con deficiencia visual y no pude sino darle la razón, como siempre a este experto esquiador y guía de ciegos. Pensé en mi propia experiencia y supe perfectamente de lo que hablaba.

Según el autor, el esquí alpino “ayuda en la rehabilitación y en la integración” de las personas con discapacidad visual.

Explica que nos integra en la sociedad porque esquiar es una actividad que potencia las relaciones humanas entre las personas con discapacidad y los monitores, el personal de la estación, los otros esquiadores… Todos juntos disfrutando de una misma afición, fundamental para la normalización de la discapacidad. La integración se materializa en detalles tan tontos como hacer cola juntos en un remonte, rallar los esquíes como cualquiera o simplemente contar nuestra experiencia al llegar el lunes al trabajo.

En cuanto a la rehabilitación, el autor afirma: “Una persona ciega o deficiente visual esquiando mejora la confianza respecto a sus propias capacidades. Gracias a la ayuda del guía se ve capaz de superar una situación compleja y la transfiere, ganando seguridad, a su vida cotidiana. También él hecho de sentirse igual a los otros esquiadores, el bajar por los mismos sitios y poder aprender una actividad que califica un vidente como difícil, supone un buen estímulo”.

El esquí aporta una mejora de la actitud dinámica, no sedentaria¨. Una salida implica una considerable movilización en cuanto a desplazamientos y horas de práctica continua. Supone además una mejora del conocimiento de los propios límites del cuerpo, del esfuerzo físico, de las habilidades. Se aprende a perseverar, a regular el esfuerzo, y por otro lado se experimentan los límites de la propia discapacidad. El aprendizaje supone un reto que exige disciplina personal, control de las emociones y autorreflexión. El hecho de ir superando de forma progresiva todos los ejercicios es motivo de una gran satisfacción y mejora de la con fianza en uno mismo.

Nos vemos en las pistas. Desde el 5 de diciembre están abiertas ya todas las estaciones. No sé si en todas ellas se ofrece esquí adaptado (buen tema para un post ¿no te parece?), pero sí sé que me encantaría que las pistas se llenaran de personas con discapacidad porque, como hemos tratado de reflejar, este deporte es un gran aliado para nuestra capacitación personal y para nuestra integración social.

Así que si tienes alguna discapacidad, anímate a probarlo. Puede ser una de las mejores decisiones de tu vida.  Y si no la tienes, sé que cada vez que veas a alguien con discapacidad esquiando te darás cuenta de que esa persona y tú sois capaces de hacer lo mismo sobre unos esquís.

4 thoughts on “Beneficios del esquí alpino para personas con discapacidad visual

  1. Me ha encantado leer el placer que sientes al esquiar.
    Yo estoy tratando de transmitir eso mismo a gente con problemas visuales y organizar en Formigal unos días de esquí.
    Yo, durante muchos años he hecho de guía de ciegos en la asociación GRSA y antes estuve de profesora de esquí en Formigal.
    Ahora estoy en contacto con la asociación retina de Navarra y Madrid para ver si se puede organizar algo. Podriamos contar contigo?

  2. Mecha encantado leer tu experiencia. Ya que no lo dices tú, lo hago yo: ¡ole por ti Boy!
    P.D. Ya me avisareis para la próxima quedada en la pista…de baile como dice Pedro.

  3. Valiente es el que le planta cara a sus miedos (el que no los tiene es un temerario) así que menos modestia, Valiente!

    Grande el post, grande el blog y grande Luís!

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