Ascensión a la Higa de Monreal (1288 metros) por la carretera (Navarra)

La Higa de Monreal es uno de los montes más famosos y peculiares de Navarra. Su inconfundible forma de boina calada y rematada en la punta por un enorme repetidor de comunicaciones es visible desde prácticamente toda la zona media y por supuesto desde Pamplona. Esta enorme mole verde, sita junto al pueblo que le da nombre, supone un estupendo ejercicio para poner a prueba tus piernas. Es exigente porque el recorrido tiene un desnivel de 700 metros en 8 kilómetros de distancia, pero por la carretera el piso es muy sencillo de transitar.

Vista de la higa de Monreal desde el pueblo Monreal.

Vente con 4botas a esta ascensión que resulta ideal para personas con dificultad devisión porque harás un exigente ejercicio durante más de cuatro horas sin tener que preocuparte de terrenos complejos. ¡Venga para arriba!

Punto de partida

El punto de inicio de la ascensión es el pueblo de Monreal, en el kilómetro 18 de la autovía que une Pamplona con el pantano de Yesa y que algún día llegará hasta Jaca. La salida está perfectamente indicada.

Una vez llegamos al pueblo, aparcamos el coche junto a una pista de futbito que hay a la derecha según llega la carretera. Aquí nos ponemos las botas, las gorras, la crema de sol (hay  muy pocas sombras durante el recorrido), las mochilas con los bocatas y el agua (más vale que sobre que no que falte) y descendemos por una calle que baja entre casas en dirección al objetivo.

Al salir del pueblo pasamos por las piscinas municipales) a la izquierda) y a nuestra derecha Sara ve un poquito del puente medieval de la localidad. Nos resulta sorprendente que haya gente de juerga a las 9:30 de la mañana de un sábado de septiembre, parejas de tortolitos agotando las últimas horas de gaupasa con Ryhanna sonando desde algún local. Deducimos que son fiestas. Pero nosotros a lo nuestro, que lo que nos queda tiene tela.

Carretera de ascensión constante

Nada más  salir del pueblo, la solitaria carretera empieza a ascender. Así hasta la cima. Los primeros tres kilómetros aproximadamente son de asfalto, a partir del cuarto el piso es una ancha pista de tierra y piedras muy pequeñas, con algún que otro escalón mínimo y algunos hoyos que se salvan sin ningún problema.

Para que os hagáis una idea de lo fácil que resulta andar por ella (aunque, repito, exigente por el desnivel), este híbrido entre carretera y pista es esporádicamente frecuentado por ciclistas (de los muy muy valientes) y por coches solitarios que la ascienden lentamente. En las cinco horas que tardamos en subir y bajar sólo vimos tres coches, un corredor y tres senderistas que ascendieron por el camino que va más directo que la carretera pero que tiene partes de la suficiente dificultad como para que nosotros lo desecháramos de salida (esta senda es muy estrecha y en algunos pasos exige trepadas que sin una persona experta que nos acompañe ni nos atrevemos).

La carretera es una multitud de zetas con rectas largas que se unen en curvas de 180º. La orientación de las rectas es de Este a Oeste y viceversa, con lo que unas veces tenemos el pueblo a nuestra izquierda y otras a nuestra derecha, pero cada vez más abajo.

Tras una hora y cuarto de ascensión, hemos cubierto 4,5 kilómetros y estamos a 875 metros, con lo cual hemos salvado un desnivel de 345 metros, se puede decir que estamos prácticamente a la mitad del esfuerzo en distancia y altitud. Sara le saca unas fotos al paisaje y a unos 13 buitres (tan habituales en la cima como la espantosa torre del repetidor) que describen círculos sobre la cima de la Higa. Espero que no piensen en nosotros como carroña, yo al menos estoy aún bastante entero. Sara también. Volvemos a darle unos tragos a las cantimploras y seguimos para arriba.

Imagen del camino pedregoso pero de fácil andar. Y Luis haciendo alguna anotación en su Victor reader.

Treinta minutos después, pasamos bajo  una sombra del bosque (que sólo puebla pequeñas partes de la enorme ladera) y aprovechamos para comernos un par de plátanos. Estamos en el kilómetro 6, llevamos hora y cuarenta y cinco minutos de ascensión y estamos a 1060 metros. Acabamos de pasar la zona más exigente de desnivel, y el hecho de estar ya a más de 1000 metros nos anima pese a que el calor empieza a notarse algo más (hoy vamos a alcanzar los treinta y pico grados). Y para redondear las buenas noticias, el piso comienza a ser de nuevo asfalto con lo que los pasos serán más rápidos. Sara descubre la luna en el cielo y le saca una foto.

Al poquito de rebasar la senda que lleva por la izquierda de la carretera a la Hermita de Santa Bárbara (de la cual Sara ve salir tan pancha a una cabra), llegamos a la cima. Eran las 11:45 horas, dos horas y cuatro después de haber salido de Monreal. El altímetro del móvil me marca 1288 metros y la distancia recorrida es de 8 kilómetros y 19 metros. El enorme repetidor afea el paisaje, me dice Sara, también enturbia el sonido de la leve brisa ya que de una caseta contigua a la torre sale un zumbido poco gratificante para recompensarnos por semejante esfuerzo.

Ermita de Santa Bárbara en la cima y vista aérea.

Desde la cima, Sara otea el horizonte, el día  está despejado pero cierta bruma desdibuja el perfil del Pirineo al noreste, ni rastro del Moncayo al sur, y si se ve claramente la cima de Izaga al norte, tras la depresión por donde circula la autovía a Jaca. Por supuesto se ve la extensión urbana de Pamplona, al noroeste.

Vista desde la cima de la higa de Monreal.

Buscamos asiento en unas piedras y nos homenajeamos con sendos bocatas de jamón, más por recargar energías que por hambre, pero no sobra. Tras unas fotos y colgar en el Facebook de Sara una saludando a los amigos, nos ponemos en marcha para regresar por el mismo trayecto de subida.

Bajada del tirón

Tardamos dos horas de reloj en bajar. Conviene no parar porque la temperatura ha subido a más de treinta grados y, como he dicho antes, no abundan las sombras. La bajada es igualmente exigente para las piernas, ya que hay un desnivel importante y vamos a buen paso. Llegando al pueblo aceleramos porque oímos una banda de músicos (os recuerdo que son fiestas) y nos apetece sacarles un vídeo. Lamentablemente no llegamos a tiempo pero nos vamos para la plaza a los pies de la iglesia donde nos tomamos una enorme y refrescante botella de agua de litro y medio.

Un sueño de niño

Son las 14:15 del mediodía y el calor es tremendo. Allí, en mitad de los bulliciosos vecinos de Monreal que a los pies de la iglesia de Nuestra Señora de La Natividad finiquitan lo que parece haber sido un almuerzo popular descubrimos que un ramal del Camino de Santiago pasa por la localidad, Sara me da un codazo y dice: “oye, que tenemos pendiente la tercera etapa del Camino”. Yo me encojo de hombros y muevo mis doloridos dedos dentro de las botas. “sí -le contesto-, pero eso será otro día y otra entrada a este blog”. Nos reímos.

De vuelta al coche voy pensando que a lo tonto hemos caminado durante casi cinco horas, recorrido 16 kilómetros, salvado un desnivel de más de 700 metros para subir y otro tanto para bajar y que por fin 4botas ha subido a una de las cimas más entrañables que conocemos, una de las cimas junto a las que más veces hemos pasado desde niños y que por fin hemos alcanzado. Estamos contentos. De niños nos parecía imposible llegar hasta el repetidor.

Saludos de Luis y Sara desde la cima

FICHA DE LA EXCURSIÓN: La higa de Monreal

  • Distancia aproximada: 16 kilómetros.
  • Desnivel: 700 metros.
  • Duración ida y vuelta: 5 horas.
  • Exigencia física: media.
  • Nivel de coordinación con guía: bajo en todo el recorrido.
  • Material necesario: botas con buen agarre y con sujeción de tobillos, palo o testigo  corto para ir unidos y bastón telescópico.
  • Temporada más recomendable: todo el año.
  • Principal dificultad: el desnivel que hay que salvar y al tratarse de piso asfaltado  durante mucha parte del trayecto, los pies acaban cansados.
  • Tener en cuenta: hay que llevar mucha agua, crema de sol y gorra, sobre todo en  verano ya que no hay casi sombras ni fuentes durante toda la excursión.

 

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